COMENTARIO
El mal comportamiento de los impíos tiene su raíz en la avaricia humana (vv. 3.8-10), unida al desprecio de Dios (vv. 4.11) y de sus leyes, que provoca una falsa autosuficiencia en el hombre (vv. 5-6). San Pablo empleará precisamente las palabras del v. 7 —unidas a las de otros salmos como las de Sal 5,10— para trazar el cuadro de la humanidad pecadora alejada de Dios.