COMENTARIO
Frente a la forma de pensar y de actuar de los soberbios se encuentra la actitud del salmista y de todo hombre que reconoce a Dios y pone su confianza en Él. Éste cree en la misericordia de Dios, en su providencia con los débiles de este mundo (v. 14) y en su absoluto señorío (v. 16). De esta fe brota la súplica, en la que, además de pedir la intervención divina en favor del pobre, pide también que la humanidad entera reconozca su limitación y vuelva al camino del bien. Cuando se le invoca, Dios interviene a favor del humilde —el pobre, el huérfano y desvalido—, víctima de la conducta inicua y traicionera del malvado. Así muestra la falsedad de la autosuficiencia humana (v. 18).