COMENTARIO

 Salmo 11 

En Sal 7,2 ya aparecía la actitud de buscar refugio en el Señor frente a los enemigos. Ante la angustiosa situación en la que los impíos ponen al pobre que confía en Dios (cfr 10,2-11) se plantea ahora la cuestión: ¿no es mejor huir? (v. 1). Los malvados realizan contra el justo aquellas acciones que se esperaba que Dios realizase contra ellos (cfr v. 2; Sal 7,13-14). Ante esto se recuerda de nuevo la seguridad que da la presencia de Dios en el Templo (cfr Sal 5,8) y la confianza en su justo juicio (Sal 7,10).

El poema comienza con una afirmación en primera persona de quien ha acudido al Señor, seguida de una pregunta retórica dirigida a quienes le rodean y le aconsejan huir (v. 1). Continúa contraponiendo las razones en que se basa ese consejo (vv. 2-3), y el motivo por el que él permanece en su sitio (vv. 4-6). Concluye con una alabanza al Señor por su justicia (v. 7).

El acceso a Dios, no sólo como juez justo, sino como Padre, y la permanencia junto a Él los obtendrán definitivamente los hombres a través de Jesucristo, «pues por él unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu» (Ef 2,18).

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