COMENTARIO

 Sal 13,2-3 

Al sufrimiento, quizá por una enfermedad (cfr v. 4), se une el del acoso de los que rechazan a Dios, que ven precisamente en aquella desgracia el signo de que Dios ha abandonado al hombre (v. 2; cfr v. 5). El cristiano que esté experimentando una situación similar a la del salmista puede hacer suyo su clamor con la seguridad de que, si persevera, el Señor saldrá en su ayuda: «Comprendan todas las almas que, si Dios no les cumple enseguida lo que le piden y necesitan, no fallará a su debido tiempo si ellas son constantes y no desmayan y se desalientan» (S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual 2,4).

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