COMENTARIO
El salmo anterior terminaba contemplando la salvación de Israel como obra del Señor desde su Templo (cfr 14,7); y en Sal 11 se veía, también en el Templo, la protección de Dios frente al enemigo (cfr Sal 11,4). Ahora se proclaman las condiciones que hacen falta al hombre para permanecer en el Templo del Señor (Sal 15). Éstas suponen una conducta que es exactamente lo contrario de lo que hacen los impíos o malvados (cfr Sal 10,7-10; 12,4-6).
Una pregunta inicial, en forma de oración, sobre la posibilidad de morar en el Templo (v. 1), da paso a una respuesta que contiene once requisitos de conducta honrada y leal hacia los demás (vv. 2-5). El salmo concluye con la afirmación de la seguridad que adquiere quien los cumple (v. 5c).
Las condiciones expresadas en este salmo para poder permanecer en el Templo, se resumen, en perspectiva cristiana, en el amor al prójimo: «Quien ama a su hermano —escribirá San Juan— permanece en la luz y no corre peligro de tropezar» (1 Jn 2,10).