COMENTARIO
El autor de la oración ha elegido al Señor como su único bien, y se ha unido con todo su afecto a aquellos que participan de la santidad de Dios. El v. 3 puede referirse a los sacerdotes dedicados al servicio divino (cfr Sal 106,16) o a los israelitas fieles, miembros de un pueblo santo (cfr Sal 34,10). Frente a los que adoran ídolos y ofrecen sacrificios humanos (cfr Is 57,5-6; 65,11; Ez 22,4), el salmista se mantiene fiel al Dios de Israel, y sólo a Él presta adoración (v. 4). Su situación (vv. 5-6) es como la de los hijos de Leví, a quienes no se les había dado parte alguna de la tierra prometida porque «su heredad» era el servicio del Templo y la parte que les correspondía de las ofrendas (cfr Nm 18,20; Dt 10,9; Jos 13,14; Sal 73,26). En el v. 5 se manifiesta la aceptación gozosa de aquella condición.