COMENTARIO

 Salmo 17 

Los motivos de la confianza en Dios, afirmada en el salmo anterior (cfr Sal 16,1), se van desgranando en este salmo que tiene bastantes palabras comunes con aquél. Al mismo tiempo recoge los temas de la inocencia del justo (cfr Sal 5,5-8; 7,4-6) y de la perversidad del malvado (cfr Sal 7,3; 10,9) cuyo «lote» o «heredad» se describe en el v. 14 (frente a 16,5). Sal 17 presenta así el carácter propio de una súplica de confianza en Dios por parte del hombre que obra conforme al querer divino (vv. 4-5; cfr Sal 8).

En la estructura de este salmo se distinguen tres partes que comienzan, cada una, con la invocación del nombre del Señor o de Dios (vv. 1-5.6-12.13-14). En la primera, el salmista se dirige al Señor presentándose ante Él como justo e inocente (vv. 1-5); en la segunda, invoca a Dios apelando a su misericordia y a la protección que otorga al justo frente a sus enemigos (vv. 6-12); y en la tercera, insta al Señor a intervenir castigando al impío y salvando al salmista (vv. 13-15). El tema del justo abre y cierra el salmo (vv. 1.15).

La dicha que el hombre de corazón sincero pide al Señor —saciarse de su presencia (v. 15)— es la que Jesús promete a los limpios de corazón (cfr Mt 5,8), y la que en el libro del Apocalipsis constituye el premio de los siervos del Señor en la ciudad escatológica, donde «verán su rostro» (Ap 22,4).

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