COMENTARIO
El salmista pasa a una nueva apelación a Dios para que le salve de sus enemigos, ya que confía en Él. El cuidado que Dios había tenido de su pueblo en el desierto, «como la niña de sus ojos» (cfr Dt 32,10), y la protección que le había otorgado —«sombra» ante el sol abrasador (cfr Nm 14,9)—, los pide para sí el salmista (v. 8) comparando los peligros del desierto con los que ahora le presentan sus enemigos. La metáfora de la «sombra» la aplica a la protección que Dios otorga desde su Templo, en el que las alas de los querubines colocados sobre el Arca manifiestan su presencia (cfr 1 R 6,23-28; 8,6-7). La misma metáfora de las «alas» (v. 8), con significado de preocupación y cuidado maternales, la empleará Jesús para expresar su amor a Jerusalén cuando ésta le rechazaba (cfr Mt 23,37).