COMENTARIO

 Salmo 18 

A la súplica confiada del salmo anterior (cfr Sal 17), sigue ahora la proclamación de que Dios la ha escuchado (Sal 18), porque se ha fijado en la inocencia del orante (vv. 2-25; cfr Sal 17,2-4) y porque es movido por su misericordia (vv. 20-30; cfr Sal 17,6-7). Sal 18 aparece también en 2 S 22,1-51, donde es introducido con las mismas palabras que leemos en el título. Parece claro que se trata de una composición anterior al destierro.

Se abre con una letanía de invocaciones que aclaman a Dios como salvador (vv. 2-3). Después se narra un primer suceso salvífico experimentado por el salmista (David) al ser librado de la muerte (vv. 4-20): a punto de morir clamó al Señor (vv. 4-7), y Éste manifestó su poder semejante al de una tormenta y le salvó (vv. 8-20). Este relato se prolonga con una explicación de por qué actúa así el Señor (vv. 26-30): porque el orante era inocente (vv. 21-25) y porque Dios es fiel con quien le teme (vv. 26-30). A continuación viene otro relato de salvación, esta vez del rey en el campo de batalla (vv. 31-50). Es introducido con una nueva proclamación de la fidelidad de Dios a su palabra y de su protección hacia el salmista (vv. 31-35), y narra cómo venció el rey a sus enemigos en la batalla (vv. 36-43) y cómo obtuvo autoridad sobre su pueblo y sobre las demás naciones (vv. 44-46). Por eso aclama de nuevo al Señor (vv. 47-50). El salmo termina con una mención de David que enlaza con la presentación inicial (v. 51; cfr v. 1).

La perspectiva de este salmo cambia en el Nuevo Testamento a la luz de cómo Cristo ha llevado a cabo su victoria, en cuanto rey de las naciones, mediante el cumplimiento obediente de la voluntad del Padre, y de cómo es reconocido por aquéllas por medio de la predicación del Evangelio.

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