COMENTARIO
La proclamación de Dios como refugio seguro e inexpugnable —«roca», «fortaleza», «peña», «escudo», etc.—, la encontramos también al final del salmo (cfr vv. 47-50). Comentando el v. 3, exclama San Agustín: «¡Oh Dios mío, que primeramente me prestaste el auxilio de tu llamamiento para que pudiera confiar en ti! Protector mío y escudo de mi salud y mi redentor: eres mi protector porque no presumí de mis fuerzas levantándome contra ti con el arma de la soberbia, sino que fuiste mi arma, es decir, encontré una firme fortaleza de salvación, de modo que al instante de mostrármela me redimiste» (Enarrationes in Psalmos 17,3).