COMENTARIO

 Sal 18,47-50 

La consecuencia última del dominio universal del rey es la alabanza que se va a elevar al Señor en todos los pueblos. San Pablo ve en ese rey a Jesucristo, por quien Dios es reconocido tanto entre los judíos como entre los gentiles: «Digo, en efecto, que Cristo se hizo servidor de los que están circuncidados para mostrar la fidelidad de Dios, para ratificar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorificaran a Dios por su misericordia, conforme está escrito: Por eso te alabaré a ti entre los gentiles, y cantaré en honor de tu nombre» (Rm 15,8-9; cfr v. 50).

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