COMENTARIO
La sucesión del día y la noche se debe a la salida y al recorrido realizado por el sol. Pero el sol es una criatura de Dios que está bajo su cuidado. Siguiendo la forma de pensar de la antigüedad, el salmista expresa poéticamente que Dios proporciona al sol el descanso nocturno en una tienda como las usadas por los nómadas para pasar la noche, y que cada mañana se alza como un esposo y como un héroe. Más allá del lenguaje poético, en el salmo se percibe que, en efecto, «nuestra inteligencia, participando en la luz del Entendimiento divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación (cfr Sal 19,2-5), ciertamente no sin gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra (cfr Jb 42,3). Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad (“Y vio Dios que era bueno… muy bueno”: Gn 1,4.10.12.18.21.31). Porque la creación es querida por Dios como un don dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 299).