COMENTARIO

 Sal 19,12-15 

El salmista sabe, sin embargo, que ante la Ley puede haber faltas de las que él no es consciente y que no escapan al juicio divino (vv. 12-13) como nada se oculta al calor del sol (cfr v. 7). Por eso pide perdón a Dios y le manifiesta el sincero deseo de ser íntegro ante Él (v. 14). La expresión de este deseo se une al canto de la gloria de Dios realizado silenciosamente por la creación entera (cfr v. 2). De esta forma, la alabanza a Dios y la santidad personal adquieren una dimensión cósmica: «La creación entera anhela la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Las peticiones del salmista en los vv. 13-14 culminan en la petición del Padrenuestro: «Y no nos pongas en tentación, sino líbranos del mal» (Mt 6,13). Con ella pedimos a Dios «que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2863).

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