COMENTARIO

 Salmo 20 

Las victorias del rey cantadas en Sal 18, siempre motivo de oración pues dependen de Dios (cfr Sal 18,36-43.51), resuenan de nuevo en este salmo. Pero, además, ahora se invita al rey a que él mismo las pida al Señor en el Templo junto con el pueblo (Sal 20,6.10; cfr Sal 14,7).

El poema comienza deseando a alguien excepcional —al parecer al rey— que el Señor le responda y le auxilie (vv. 2-6); continúa con la proclamación de confianza en que el Señor responderá (vv. 7-9), y termina con una súplica dirigida a Dios para que salve al rey y auxilie al pueblo (v. 10).

Como otros salmos en los que aparece la figura del rey y el término «ungido» —en griego christós (cfr Sal 18,51)— también éste lleva al lector cristiano a pensar en Jesucristo y en su victoria sobre el pecado y la muerte. Ha sido la respuesta divina al clamor de la humanidad suplicante.

Volver a Salmo 20