COMENTARIO

 Sal 22,7-9 

Asimismo es consciente de que si Dios lo abandonara no sería ya un hombre, sino como un gusano (v. 7). Su dolor se acentúa porque quienes le contemplan en aquel estado afirman que Dios no lo ama (v. 9). Jesús en la pasión sufrió el oprobio y desprecio del pueblo (v. 7) al soportar los insultos y las burlas (cfr Mt 27,39-44; Mc 15,29; Lc 23,35). Las gentes movían la cabeza (v. 8) al verle colgado del madero (cfr Mt 27,39; Mc 15,29; Lc 23,35), y decían que Dios era el que debía salvarlo (v. 9) retándole a bajar de la cruz (cfr Mt 27,43).

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