COMENTARIO

 Sal 22,23-25 

El rápido cambio en el tono del salmo indica que el salmista está seguro de la respuesta divina, y por eso hace votos de alabanza. En su alabanza–acción de gracias, el salmista va a ir asociando a grupos cada vez más amplios. Primero, al pueblo de Israel que había experimentado la protección del Señor cuando había clamado a Él. Son los «hermanos» del salmista. El autor de la Carta a los Hebreos pone en boca de Cristo el v. 23 ampliando el sentido de «hermanos» a todos los hombres. Cristo, en efecto, haciéndose solidario con el sufrimiento de todos los hombres, lleva a cabo el sacrificio redentor: «Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, y dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos…» (Hb 2,11-12). De esta forma el sufrimiento de Jesús en su pasión y muerte, expresado al hilo de Sal 22, nos hace ver su verdadera humanidad. La afirmación del salmo acerca del mísero que clama al Señor (v. 25) se cumple en Jesús que gritó en la cruz antes de entregar su espíritu (cfr Mt 27,50; Mc 15,37; Lc 23,46).

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