COMENTARIO

 Salmo 23 

La cercanía de Dios, que era suplicada ansiosamente en el salmo anterior (cfr Sal 22,2.12.20), es proclamada en éste, que, en contraste con aquél, habla de felicidad y de vida (v. 3) en vez de sufrimiento y de muerte (cfr Sal 22,16), y ve cumplida la promesa de quedar saciado (cfr Sal 20,27) contemplando la mesa preparada por el Señor (v. 5). La confianza expresada en este salmo es similar a la de Sal 16.

El poema está construido en torno a dos metáforas: el Señor como pastor (vv. 1-4), y el Señor como anfitrión (vv. 5-6). Puede tener su contexto originario en una celebración de alabanza en la «Casa del Señor» (v. 6).

Este salmo, uno de los más bellos, adquiere su pleno significado después de que Jesús dijera: «Yo soy el buen pastor» (Jn 10,11.14; cfr Hb 13,20). Con Él, que ya nos ha preparado la mesa de la Eucaristía, y bajo su guía, esperamos llegar a las verdes praderas de su Reino, a la felicidad plena (cfr 1 P 5,4; Ap 7,17).

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