COMENTARIO

 Sal 23,1-4 

La imagen del pastor se aplica en el antiguo Oriente y en el Antiguo Testamento al rey (cfr 2 S 5,2; Is 44,28; etc.), y también a Dios como protector y guía de su pueblo (cfr Sal 28,9; Is 40,11; Ez 34,11-16; etc.). La novedad en este salmo está en afirmar de manera personal: «El Señor es mi pastor» (v. 1), y en expresar con la imagen de las acciones propias del pastor, la relación de Dios con el hombre que busca la justicia, la santidad (vv. 2-3), en este caso el mismo rey ungido (cfr v. 5). La seguridad que ofrece el Señor, aun en medio de las tribulaciones, lleva a dirigirse directamente a Él (v. 4) y a reconocer su protección frente a los enemigos —«tu vara»— y su autoridad y firmeza —«tu cayado»—.

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