COMENTARIO
En la petición inicial subyace ya la contraposición entre el salmista y sus enemigos perseguidores, y entre la conducta de aquéllos y la de éste. «Entrañas» —literalmente «riñones»— y «corazón» indican lo más interior del hombre, la conciencia. Ahí es donde, en medio de las pruebas, surge la humildad y la paz que da el Señor, como enseñaba Santa Teresa de Jesús: «El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio; y creed que adonde la hay de veras, que, aunque nunca dé Dios regalos, dará una paz y conformidad con que anden más contentas que otros con regalos; que muchas veces —como habéis leído— los da la divina Majestad a los más flacos; aunque creo de ellos que no los trocarían por las fortalezas de los que andan con sequedad. Somos amigos de contentos más que de cruz. Pruébanos, tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos» (Moradas 3,1,9).