COMENTARIO
Estos versículos hacen pensar en el rey combatido a muerte —«devorar mi carne»— por sus enemigos, y que, aun en las circunstancias más difíciles, recobra la plena confianza al pensar en su Dios. Pero las expresiones adquieren el carácter de metáforas que resaltan con viveza la situación de cualquier hombre que se siente perseguido a muerte. Y también podría aplicarse a las tentaciones que ha de soportar el que quiere ser fiel a Dios: «Pues nuestra vida en medio de esta peregrinación no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 60,3).