COMENTARIO

 Salmo 28 

Continúa la misma actitud orante que en el salmo anterior, con el que éste tiene muchos términos en común: clamor, roca, escuchar, auxilio, etc. Ahora se pone mayor énfasis en el «escuchar» del Señor (vv. 2.6; cfr Sal 27,7) como condición para no acabar en la muerte (v. 1; cfr Sal 27,13). El gesto de levantar las manos hacia el Templo (v. 2) se une a la voz que anhelaba habitar en él (cfr Sal 27,4-6).

El autor comienza su súplica pidiendo al Señor que le escuche (vv. 1-2) y que castigue a los malvados (vv. 3-5); después alaba al Señor por haberle escuchado (vv. 6-7) y pide la salvación para el pueblo (vv. 8-9).

Este salmo adelanta la promesa de Jesús de que el Hijo del Hombre, en su venida, «retribuirá a cada uno según su conducta» (cfr 2 Tm 4,14; Ap 20,12-13). Por eso, para el cristiano, es ante todo una oración pidiendo la perseverancia en el bien y el saber discernir las acciones del Señor en la propia vida.

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