COMENTARIO

 Sal 28,3-5 

La conducta perversa de los impíos proviene en último término de no reconocer en los acontecimientos de la vida la mano de Dios (v. 5). Si no escuchan a Dios están abocados a la muerte. Es lo que pide para ellos el salmista como consecuencia lógica de su forma de actuar (v. 4). La petición, parecida a la de Sal 5,11, no está motivada por el deseo de venganza, sino por el de que brille la justicia divina.

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