COMENTARIO

 Salmo 29 

A la voz suplicante del hombre en el salmo anterior (cfr Sal 28,2.6) corresponde ahora la voz poderosa del Señor que se manifiesta en la tormenta (vv. 3-9). La petición conclusiva de Sal 28 en favor del pueblo se ve ahora atendida por el «rey eterno» (v. 10). Este salmo viene, por tanto, a completar el anterior.

Se inicia con una encendida invitación a alabar al Señor, mencionando su nombre cuatro veces (vv. 1-2); a continuación se describe el poder de «la voz del Señor» que se hace oír siete veces, mencionando diez veces el nombre del Señor (vv. 3-9). Concluye con la proclamación de dónde está el Señor y qué hace para su pueblo: de nuevo aparece el nombre del Señor cuatro veces (vv. 10-11). Si el salmista quiere significar que el Señor lo llena todo, la constante repetición del nombre que se hace en el salmo parece un procedimiento estilístico eficaz para lograrlo.

La «gloria de Dios» y «la paz» para el pueblo son los términos con los que se abre y se cierra este salmo. Son los mismos que aparecen en el anuncio que los ángeles hacen a los pastores en el nacimiento de Cristo (cfr Lc 2,14).

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