COMENTARIO

 Sal 29,1-2 

Los «hijos de Dios» a los que se dirige el salmista son los seres que rodean en el cielo el trono de Dios, los ángeles (cfr Sal 103,20; 148,2; Jb 1,6; Is 6,2); o quizá se está refiriendo a los considerados «dioses» por la religión pagana cananea (cfr Sal 97,7 con el que Sal 29 tiene rasgos comunes). En cualquier caso todos los seres celestes son invitados a reconocer la gloria del Señor, Dios de Israel. «En su atrio santo» es la interpretación que hace la versión griega (LXX) del término original hebreo que significa propiamente «en santo esplendor» —que puede entenderse como «con ornamentos santos»—, en cuyo caso estaría proyectando al cielo la forma en que se realizaba la liturgia de alabanza del Templo.

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