COMENTARIO
La «voz del Señor», equivalente al estruendo del trueno, tiene el significado simbólico de fuerza y de poder. Aparece siete veces —número de plenitud— y domina desde el mar (v. 3), pasando y haciendo sentir su fuerza en los bosques del Líbano, cuyos cedros eran símbolo de seguridad y de soberbia (cfr Is 2,13; Sal 92,13; 104,16), hasta el desierto (v. 8). La interpretación del v. 9 es dudosa. En vez de «retuerce los robles», que tiene paralelismo con el v. 5, también podría traducirse «que hace parir a las ciervas», en cuyo caso indicaría que el poder del Señor se extiende al reino animal, adelantando con la tormenta el parto de las ciervas. De todos modos el punto culminante del salmo está en afirmar que todos proclaman la gloria del Señor ante la magnificencia de la tempestad, tanto en su morada celeste como en el Templo terrestre, tanto los «hijos de Dios» (vv. 1-2) como los habitantes de la tierra (vv. 5-9).