COMENTARIO

 Sal 31,2-5 

El mismo grito inicial de confianza en el Señor ya aparecía en Sal 7,2; 11,1; 16,1. Ahora se apela no a la «justicia» del orante, como en Sal 7,9, sino a la «justicia» divina, es decir, a su voluntad salvífica (cfr v. 8). Las metáforas de seguridad de los vv. 3-5 ya las hemos encontrado en Sal 18,3; 23; 27,1. Las primeras palabras del salmo son una expresión de confianza en Dios que marca la vida del hombre: «Con las alas de la esperanza, que anima a nuestros corazones a levantarse hasta Dios, hemos aprendido a rezar: in te Domine speravi, non confundar in aeternum (Sal 31,2), espero en Ti, Señor, para que me dirijas con tus manos ahora y en todo momento, por los siglos de los siglos» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 209).

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