COMENTARIO
La enfermedad oprime física y moralmente al salmista, que reconoce que es debida a su pecado; pero todavía le hace sufrir más el hecho de que, al verle enfermo, sus propios allegados le abandonan, le rehúyen y queda totalmente abandonado (vv. 12-13; cfr Jb 19,13-19; Jr 12,6) y solo ante sus enemigos que traman contra él (cfr v. 14).