COMENTARIO

 Sal 32,1-2 

El hombre encuentra la dicha cuando recibe el perdón divino y puede presentarse ante Dios con sinceridad de corazón. San Pablo, recordando el ejemplo de Abrahán, aplica los vv. 1-2 al hombre justificado por Dios en virtud de su fe, no de sus obras: «En este sentido David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye la justicia con independencia de las obras: Bienaventurados aquellos a quienes se les han perdonado los delitos y a quienes se les han cubierto los pecados; bienaventurado el hombre a quien el Señor no le tenga en cuenta su pecado» (Rm 4,6-8).

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