COMENTARIO

 Salmo 33 

El salmo anterior terminaba con la invitación a alegrarse en el Señor «todos los rectos de corazón» (32,11); en este salmo se expresa la alegría de los justos en forma de alabanza. Se reconoce que el Señor ve a cada hombre (vv. 13-15) y que sus ojos velan por los que le temen (v. 18), tal como Dios prometía en Sal 32,8 a quien le confesaba su pecado. El amor de Dios que en Sal 31,8 lo experimentaba el orante, y en Sal 32,10 se proclamaba para los que confían en Él, en Sal 33,5 se contempla abarcando toda la tierra.

Este salmo presenta con claridad la estructura propia de un salmo de alabanza. Comienza con la invitación a alabar al Señor (vv. 1-3), sigue con la exposición de los motivos —cuerpo del salmo— (vv. 4-19), y termina con la proclamación de la comunidad que pone su confianza en el Señor (vv. 20-22). Los motivos de alabanza expuestos son: primero, y como principio general, la fidelidad y misericordia de Dios (vv. 4-5), luego su poder manifestado en la creación (vv. 6-9), después la elección de Israel (vv. 10-12), y, finalmente, su providencia con todos los hombres (vv. 13-19).

Cuando los cristianos recitamos este salmo, alabamos a Dios no sólo por lo que en él se dice, sino también, y más aún, por la revelación de Sí mismo que ha hecho a través de Jesucristo.

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