COMENTARIO

 Sal 33,1-3 

La alabanza al Señor requiere rectitud de corazón y también solemnidad exterior: la «cítara» y el «arpa» eran instrumentos empleados por los levitas (cfr 1 Cro 15,16). «Un cántico nuevo» (v. 3) hace alusión o bien a su composición o a su música, o más bien a la respuesta ante un nuevo acto salvador de Dios (cfr Sal 96,1-2; 98,1-2). La alabanza tiene siempre aspecto de novedad en las circunstancias en que se pronuncia. Comentando el v. 3 dice San Agustín: «Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. (…) ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? (…) He aquí que Él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Y qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón» (Enarrationes in Psalmos 32,7-8).

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