COMENTARIO
Son los consejos y las argumentaciones de un sabio que participa de esa sabiduría que ha ido proponiéndose desde el salmo 1 (cfr Sal 1; 19; 32), y que brota de la observación de lo que sucede en la vida, de las experiencias personales y de la reflexión sobre la historia del pueblo. Es una sabiduría que lleva a confiar en el Señor y en su justicia, y a no reaccionar airadamente o con violencia frente a los que obran el mal. De ahí la insistencia en «no irritarse», «tener sosiego», «aguardar»… Será el Señor quien hará triunfar la justicia y el derecho con la misma seguridad y claridad con las que hace llegar la aurora o brillar el sol (v. 6). Él es quien ha dado a su pueblo la tierra prometida y, por tanto, quien hará participar de ella y de sus bienes a quienes confían en Él (vv. 3.9.11). Nuestro Señor Jesucristo tomó las palabras del v. 11 para proclamar la tercera bienaventuranza (cfr Mt 5,5) en la que «heredar la tierra» es equivalente a tener parte en el Reino de Dios, el bien salvífico que Él trae a este mundo (cfr Mt 12,28). Pertenecen por tanto a ese Reino quienes, según leemos en el salmo, confían totalmente en Dios, y se mantienen fieles a Él sin perder la calma ante el aparente triunfo del mal.