COMENTARIO
La tercera exhortación es a fijarse e imitar a los que viven con rectitud para tener posteridad (vv. 37-38), pues el Señor socorre en las circunstancias más adversas a quien busca refugio en Él (vv. 39-40).
Al Reino de Dios pertenecen quienes, según leemos en el salmo, confían totalmente en Dios y se mantienen fieles a Él sin perder la calma ante el aparente triunfo del mal. «Confiemos, hermanos y hermanas: sostenemos el combate del Dios vivo y lo ejercitamos en esta vida presente, con miras a obtener la corona en la vida futura. Ningún justo consigue enseguida la paga de sus esfuerzos, sino que tiene que esperarla pacientemente. Si Dios premiase enseguida a los justos, la piedad se convertiría en un negocio; daríamos la impresión de que queremos ser justos por amor al lucro y no por amor a la piedad. Por esto, los juicios divinos a veces nos hacen dudar y entorpecen nuestro espíritu, porque no vemos aún las cosas con claridad» (Homilía de un autor del siglo segundo 20,5).