COMENTARIO

 Salmo 41 

Sal 41 continúa exponiendo los sentimientos que el salmista introduce con la expresión «yo dije» o «yo digo» (cfr Sal 38,17; 39,2; 40,8; 41,5). En la enfermedad reconocía su pecado ante Dios y callaba (Sal 38); ante los impíos hablaba con sabiduría sobre la brevedad de la vida y pedía alivio antes de morir (Sal 39); al sentirse curado hacia propósito de obedecer el Señor y proclamar sus obras (Sal 40); ahora, en Sal 41, manifiesta a quién asiste el Señor en la enfermedad (Sal 41,2-4). Continúa presente el tema del pecado, causa de la enfermedad (cfr 38,4.6.19; 39,2.9.12; 40,13; 41,5), y el de los enemigos que predomina en todo este grupo de Sal 35-41. En cuanto a los amigos, que en Sal 38,12 abandonan al salmista enfermo, ahora son presentados además como quienes se vuelven en su contra y le atacan (cfr 41,10). Son motivos que llevan a intensificar la oración y la confianza en Dios.

Se inicia el salmo con una afirmación proclamada a modo de principio (vv. 2-4); después se presenta la experiencia personal para hacerla (vv. 5-13). Esa experiencia incluye la narración–lamento de la situación en la que el salmista clamó al Señor (vv. 5-10), y la súplica apoyada en una confesión de confianza (vv. 11-13). El v. 14, una doxología, marca el final de la primera parte del libro.

Nadie ha podido recitar este salmo con más realismo que nuestro Señor Jesucristo que «pasó haciendo el bien» (Hch 10,38), y fue traicionado por sus amigos (cfr v. 10). Aunque Él no tenía pecado, elevó su súplica al Padre habiendo cargado con el pecado del hombre (cfr v. 5).

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