COMENTARIO
El «merecido» que el salmista quiere dar a sus enemigos —a diferencia de otros salmos en los que lo deja en manos de la justicia divina (cfr Sal 4,2; 24,5; 26,1; etc.)—, es poderles mostrar que se equivocaban en sus palabras y en sus proyectos, y así hacerles callar y reconocer la protección de Dios hacia él.
En gran parte de la tradición cristiana, este salmo se interpreta directamente en sentido cristológico viendo las palabras del salmista aplicadas a Jesús, y en las acciones del amigo que se vuelve traidor a Judas. Incluso el lugar que ocupa el salmo tiene significación en ese sentido: «Es justo que este salmo que pone fin al libro sea interpretado como el salmo que habla de la Pasión del Señor. (…) Así, el segundo libro de los Salmos puede comenzar con el misterio de la vida nueva, abrazando las realidades sagradas más perfectas [los sacramentos]» (S. Ambrosio, Enarrationes in XII Psalmos 40,37).