COMENTARIO
La imagen de Dios rey–pastor (cfr Sal 23) resuena de nuevo en el v. 12 —«ovejas»—; a Él y a su voluntad se atribuye la causa de las desgracias ocurridas. Él, y sólo Él, es responsable de las derrotas, como en otro tiempo lo fue de las victorias (v. 3; cfr Is 45,7). Ni siquiera se alude a que el pecado o la culpa tengan algo que ver, como sucedía en otros salmos de súplica individual.