COMENTARIO

 Salmo 48 

La meditación sobre Sión de Sal 46,5-6 y la contemplación de Dios como Rey en Sal 47,3.7-9 se complementan considerando la belleza y seguridad que da a la ciudad santa la presencia de Dios en ella (Sal 48,3). Es la ciudad del Dios de los ejércitos (cfr Sal 48,9; Sal 46,8.12), cuya alabanza se eleva por toda la tierra (Sal 48,11; cfr Sal 47,10).

El salmo se abre (v. 2) y se cierra (v. 15) con la proclamación de la grandeza de Dios. El centro lo ocupa la afirmación de haber contemplado esa grandeza en la salvación de Jerusalén (v. 9). Antes se describe la hermosura de la ciudad (vv. 3-4) y su condición inexpugnable (vv. 5-8). Después se reflexiona sobre la presencia del Señor en la ciudad (vv. 10-12), y se invita a fijarse en las defensas de ésta (vv. 13-14).

El cristiano puede calar el hondo significado de este salmo aplicándolo a la Iglesia, la nueva Jerusalén (cfr Ga 4,26-28; Ap 21,2). La Iglesia, por la presencia de Jesucristo en ella (v. 3; cfr Mt 28,20) se mantiene firme frente a todos los poderes adversos (vv. 5-8; cfr Mt 16,18). En ella se escucha y se contempla la salvación de Dios por medio de Jesucristo (v. 9), y en ella también se reconocen la bondad del Señor y su designio universal de salvación (vv. 10-12; cfr Col 1,18).

Volver a Salmo 48