COMENTARIO
Llamar a Jerusalén «arcano del Norte» equivale a llamarla «morada de Dios», pues la expresión en hebreo suena como «monte Safón», que era el monte al norte de Fenicia en el que los cananeos creían que habitaba la divinidad, de modo parecido a lo que era el Olimpo para los griegos. En Jerusalén habita el Dios rey de todos los pueblos (cfr Sal 47,3), y por eso ella es gozo para toda la tierra (v. 3). La defensa de la ciudad es Dios mismo, conocido por todos como su protector (v. 4).