COMENTARIO

 Sal 49,17-20 

De una u otra forma queda patente la confianza que el salmista pone en Dios pensando en el final de su vida. Es el fundamento de la serenidad expresada en el v. 6, y que ahora quiere comunicar a quién le escucha.

Este salmo enseña una verdad que lleva al cristiano a vivir el desprendimiento de los bienes materiales, pues «no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él» (1 Tm 6,7). Queda poner la confianza en Dios, como el salmista (v. 16), pero sabiendo además que lo que no puede hacer el hombre, rescatar su vida (vv. 8-9), lo ha hecho Dios para el hombre, entregando a su Hijo, Jesucristo, como redención y rescate por todos (cfr Rm 8,21-23; 1 Co 1,30). Él es el Redentor del hombre. Escribe San Juan Pablo II: «La única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna”» (Redemptor hominis, n. 7).

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