COMENTARIO
En contraposición a lo anterior, Dios mismo señala quiénes le van a ser gratos; y el salmista proclama quiénes verán la salvación.
De nada sirve conocer la Ley, o enseñarla, dirá San Pablo a los judíos en Rm 2,17-24, si se deshonra a Dios transgrediéndola. «La Ley evangélica entraña la elección decisiva entre “los dos caminos” (cfr Mt 7,13-14) y la práctica de las palabras del Señor (cfr Mt 7,21-27); está resumida en la regla de oro: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros; porque ésta es la Ley y los profetas” (Mt 7,12; cfr Lc 6,31)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1970).