COMENTARIO

 Salmo 51 

Por su situación, este salmo aparece como respuesta a la acusación divina expresada en el salmo anterior (cfr Sal 50,7). Los vv. 18-19 muestran que se ha comprendido lo que Dios pedía en Sal 50,8-13, y toda la oración de Sal 51 viene a ser el cumplimiento de Sal 50,15. Por ello se piensa que Sal 50 y Sal 51, aun siendo tan diferentes, van uno a continuación de otro y que fueron usados en la misma liturgia penitencial.

El salmista comienza su oración pidiendo a Dios que le quite el pecado (vv. 3-4); luego presenta su condición de pecador (vv. 5-8) y de nuevo pide ser librado del pecado mediante un rito de purificación (vv. 9-11). A esta primera parte centrada en el pecado le sigue otra centrada en la gracia (vv. 12-19): se pide a Dios una nueva condición humana (vv. 12-14) y se promete dar testimonio de su acción, alabarle y ofrecerle un sacrificio agradable, el del corazón (vv. 15-19). Finalmente se ruega por Jerusalén (vv. 20-21), de manera semejante a como el salmista oraba por él mismo al comienzo de la oración.

El título de este salmo resalta su carácter penitencial pues sitúa su composición después de que David reconociera su pecado por haberse unido a Betsabé y haber tramado la muerte de Urías (cfr 2 S 11-12). Ahora sirve al cristiano para pedir a Dios el perdón de los pecados y la renovación interior por el Espíritu Santo.

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