COMENTARIO

 Sal 51,3-4 

El salmista siente el peso de su pecado a través del dolor de una enfermedad (v. 10). Se dirige a Dios con un grito de petición de auxilio —«Ten misericordia de mí» (cfr Sal 56; 57)— apoyándose no en su inocencia, como sucede en otros casos (cfr Sal 17), sino en la bondad y en la inmensa misericordia de Dios, tal como había hablado a Moisés (cfr Ex 34,6-7).

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