COMENTARIO
El hombre, por su parte, sólo puede presentar ante Dios su pecado, concepto que con un término u otro, «pecado», «delito», «iniquidad», aparece hasta doce veces en esta primera parte del salmo (vv. 3-11). Ese pecado es la causa del dolor del salmista, y no tanto sus manifestaciones en la enfermedad (v. 5), porque, en cualquier caso, ha sido una ofensa a Dios (v. 6). Confiesa que siempre ha sido pecador, inclinado al pecado desde su nacimiento (cfr Gn 8,21), pero que también ha recibido de Dios la capacidad —«sabiduría»— de reconocerlo y confesarlo; esto es, precisamente, lo que agrada al Señor (vv. 7-8).
Las expresiones del v. 7 se comprenden mejor a la luz de la doctrina del pecado original tal como, también a partir de Rm 5,12, la Iglesia profesa: «Siguiendo a S. Pablo, la Iglesia ha enseñado siempre que la inmensa miseria que oprime a los hombres y su inclinación al mal y a la muerte no son comprensibles sin su conexión con el pecado de Adán y con el hecho de que nos ha transmitido un pecado con que todos nacemos afectados y que es “muerte del alma” (Cc. de Trento: DS 1512)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 403).