COMENTARIO
El salmista, por su parte, espera vivir en la abundancia y durante muchos años —el olivo verde es símbolo de ambas cosas (cfr Jr 11,16; Sal 128,3)— junto al Templo (v. 10), y dar gracias a Dios toda su vida, experimentando la fidelidad de Dios a Sí mismo y a sus fieles (v. 11; cfr Sal 18,26-27).
El salmo no pierde actualidad. También ahora «muchos de nuestros contemporáneos no perciben de ninguna manera esta unión íntima y vital con Dios o la rechazan explícitamente, hasta tal punto que el ateísmo debe ser considerado entre los problemas más graves de esta época» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 19). Pero «la Iglesia sabe muy bien que su mensaje» —coincidente con el del salmista— «conecta con los deseos más profundos del corazón humano (…) devolviendo la esperanza a quienes desesperan ya de su destino más alto» (ibidem, n. 21).