COMENTARIO
El salmo anterior concluía con el deseo de que el Señor diera la salvación a su pueblo haciendo temblar a quienes lo devoraban (cfr Sal 53,6-7). Ahora el salmista pide esa liberación para él (v. 3), y pide también que sus adversarios desaparezcan (v. 7). El sacrificio voluntario que promete ofrecer (v. 8) responde al que Dios quiere (Sal 50,14; 51,18-19). Sal 54 por tanto personaliza la oración de Sal 53, enlazando de este modo con Sal 51 y 52,10.
Primero se presenta la súplica (vv. 3-4), y enseguida su motivación (v. 5). Después se expresa la confianza en Dios (vv. 6-7), y, finalmente, el propósito de ofrecerle un sacrificio (vv. 8-9). Estamos ante la estructura típica de un salmo de súplica individual. Al comienzo y al final, como enmarcando la oración, aparece «el Nombre» del Señor (vv. 3.8), y su acción liberadora (vv. 3.9); en el centro, la confesión de confianza (v. 6).
La situación del orante ha sido asimilada en el título de este salmo a la de David cuando, perseguido por Saúl, se refugió en el desierto de Zif y sus habitantes le delataron ante el rey (cfr 1 S 23,19; 26,1). Pero como sucede en otros salmos atribuidos a David, su contenido sobrepasa aquella situación y puede actualizarse en cualquier momento. Así el v. 8 puede aplicarse a nuestro Señor Jesucristo, que aceptó voluntariamente su muerte (cfr Jn 10,18) como sacrificio de expiación por los pecados de todos los hombres (cfr Hb 10,9).