COMENTARIO
Al ser «voluntario» —es decir, no prescrito por la Ley ni a causa del pecado (cfr Lv 7,16-17; 22,18.21)—, el sacrificio que el salmista ofrece al Señor manifiesta la sinceridad de su corazón (v. 8; cfr Sal 51,19). La acción del salmista es figura del sacrificio que realizará Nuestro Señor Jesucristo: «Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (cfr Hb 10,10). Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo (cfr Jn 4,10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cfr Jn 15,13), ofrece su vida (cfr Jn 10,17-18) a su Padre por medio del Espíritu Santo (cfr Hb 9,14), para reparar nuestra desobediencia» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 614).