COMENTARIO
Puede verse la exhortación que el salmista se hace a sí mismo, o una voz que él oye interiormente proveniente del Señor, o, incluso, un oráculo pronunciado por un sacerdote. Son palabras que invitan a la esperanza en medio de la tribulación —«no abandona para siempre»—. De ahí que le llevaran a confesar a San Josemaría: «Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y Él te sostendrá, cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza… Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad!» (Surco, n. 873).