COMENTARIO
Porque Dios ha mostrado su poder frente a los enemigos (v. 7), la petición deriva en proclamación de confianza en el Señor (v. 8). Como se avecina la aurora a medida que transcurre la noche, así se avecina la salvación de Dios en la tribulación (v. 9), y el orante se dispone a proclamarlo al rayar el alba ante todos los hombres (vv. 10-11). Puesto que los vv. 8-12 se repiten casi literalmente en Sal 108,2-6, se puede pensar que constituían una pieza suelta aplicable a distintas situaciones.
La firmeza de corazón expresada en estos versículos, la experimenta el cristiano considerando la providencia de Dios: «Con la claridad de Dios en el entendimiento, que parece inactivo, nos resulta indudable que, si el Creador cuida de todos —incluso de sus enemigos—, ¡cuánto más cuidará de sus amigos! Nos convencemos de que no hay mal, ni contradicción, que no vengan para bien: así se asientan con más firmeza, en nuestro espíritu, la alegría y la paz, que ningún motivo humano podrá arrancarnos, porque estas visitaciones siempre nos dejan algo suyo, algo divino. Alabaremos al Señor Dios Nuestro, que ha efectuado en nosotros obras admirables (cfr Jb 5,9), y comprenderemos que hemos sido creados con capacidad para poseer un infinito tesoro (cfr Sb 7,14)» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 305).