COMENTARIO

 Salmo 59 

En este salmo se personaliza la perspectiva del anterior. Allí se contemplaba la perversidad de los jueces; ahora el salmista se siente injustamente perseguido sin que haya delito alguno en él (vv. 4-5). Es acosado en la ciudad paganizada, como en Sal 56, y ante los enemigos que «se alzan» contra él (v. 2), pero encuentra su lugar seguro, su alcázar, en Dios que se alza sobre los cielos (cfr Sal 57,6). De nuevo es la mañana el momento de proclamar la gloria de Dios (cfr Sal 57,9; 59,17).

El salmo se inicia con un grito que pide a Dios la liberación de los enemigos (vv. 2-3), y luego se desarrolla en dos partes que terminan, cada una, con la misma proclamación de Dios como fortaleza y alcázar (vv. 10.18). Ambas partes incluyen la misma comparación de la acción de los enemigos con la de los perros que merodean por la ciudad (vv. 7.15). En la primera predomina la súplica a Dios para que intervenga (vv. 4.6.8); en la segunda se concreta más el tipo de intervención divina que se espera (vv. 11.12.14), y se promete alabanza al Señor (vv. 17-18).

El título que acompaña al salmo apunta a la situación de David cuando Saúl envió a su casa gentes para que la vigilaran por la noche y le dieran muerte al amanecer; pero David, advertido por su esposa Mical, huyó durante la noche por una ventana (cfr 1 S 19,11-22). Se trata de la acomodación del salmo a unas circunstancias que si bien no quedan reflejadas en su contenido, pueden encontrar cierto parecido con algunas expresiones, como la comparación de los perros que llegan al atardecer (v. 7.15), o la posibilidad de cantar la bondad del Señor por la mañana (v. 17). En realidad el salmo está abierto para convertirse en oración de quien, injustamente acosado por sus enemigos, busca refugio en su Dios. En este sentido el contenido del salmo se cumplió en nuestro Señor Jesucristo, cuyos enemigos actuaron como los perros descritos en el salmo, mientras él, inocente y sin culpa, ponía toda su confianza en Dios.

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