COMENTARIO
La petición del castigo de las naciones ha llevado a pensar que los enemigos son los pueblos gentiles (v. 9) y que el orante sería el rey. Pero más bien parece tratarse de una generalización del salmista: sus enemigos son como los paganos que acechan al pueblo de Dios y se les incluye en la misma petición de castigo (v. 6). Frente a ellos el salmista encuentra su seguridad en Dios (v. 10). «Cuando imaginamos que todo se hunde ante nuestros ojos, no se hunde nada, porque Tú eres, Señor, mi fortaleza. Si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio; en cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 92).