COMENTARIO

 Salmo 60 

En el salmo anterior se pedía a Dios el castigo de los paganos (cfr Sal 59,6) pues Él «se ríe de ellos» (Sal 59,9); ahora se contempla al pueblo de Dios derrotado por aquéllos. La causa, sin embargo, no es el poder de los gentiles, sino que Dios se ha airado con su pueblo (Sal 60,3; cfr Sal 44,10-15). A los jueces inicuos (cfr Sal 58) y a los enemigos del salmista (cfr Sal 57; 59) se añaden ahora los paganos (Sal 60) como aquellos de quienes Dios salva, pues a quien confía en Él nada puede hacerle el hombre (cfr Sal 56). Incluso «vana es la salvación que viene del hombre» (Sal 60,13). La oración comunitaria del salmo 60 lleva así adelante la que hacía el individuo en los salmos anteriores.

La oración comienza con el reconocimiento ante Dios de que ha sido Él quien ha castigado a su pueblo (vv. 3-5), proporcionándole al mismo tiempo una señal de salvación (vv. 6-7). A continuación se recoge la respuesta divina dada a modo de oráculo (vv. 8-10); y, a la pregunta retórica sobre quién les guiará a la victoria (v. 11), se responde con una confesión de confianza en que con Dios los enemigos serán vencidos (vv. 12-14).

La segunda parte del título (v. 2) relaciona este salmo con las victorias de David (cfr 2 S 8,2.3.13; 1 Cro 18,2.3.12). Pero, como en los salmos anteriores, se trata de una acomodación superficial, pues la idea de fondo del salmo, es decir, la seguridad de la victoria cuando Dios acompaña a su pueblo, tiene sentido universal. San Pablo expresaba esos mismos sentimientos cuando afirmaba que si Dios está con nosotros podemos vencer todos los obstáculos (cfr Rm 8,31).

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